Madre. Día de la madre. Alma mater. Madre no hay más que una. Mi mama me mima mucho. Tu madre y la que nos parió a todos. Madre es aquella persona que realmente comienzas a comprender a las dos semanas de haberte independizado. Antes de eso, era la convivencia más inoportuna y horrible del mundo; siempre reclamando cosas y sin tener nunca a punto la camisa que mejor te sienta.
Hace una hora, me dirijo al supermercado habitual. Se abre la puerta automática. Los armarios para pertenencias a la derecha y los carritos a la izquierda. Observo la espalda desnuda de una mujer morena. Falda corta. Largas piernas y perfectamente torneadas subidas a unas plataformas de mimbre. Parece tener problemas para encontrar una moneda de cincuenta céntimos para el compartimento, donde guardar aquello con lo que no quieres entrar en un supermercado. Se dirige a un crío de unos trece años que tiene cerca, y le pide cambio de un euro, imagino. El chico se apresura a buscar en su pequeña cartera con cierres de fieltro.
Su madre entra en escena con esta frase: “Anda que… Si yo te pido diez céntimos para el pan, no veas la que me lías; pero si te lo pide una chica”
Su madre entra en escena con esta frase: “Anda que… Si yo te pido diez céntimos para el pan, no veas la que me lías; pero si te lo pide una chica”
Eso es una Madre. Esa es tu madre. De las pocas personas capaces de poner en su sitio a dos personas al mismo tiempo, además de dejarte la boca seca de vergüenza. Tu madre lo ha dejado bien claro. Ella es una golfa y tú, un sátiro intentando esconder una torpe erección. Y pensar que hubo un tiempo en que la querías para ti y rivalizabas con tu padre. Ella será una de las influencias más decisivas en tu vida. Ahora no lo ves. Tienes trece años. Pero cuando descubras que el sexo anal es una práctica tan correcta como cualquier otra, sabrás que las madres mienten. Te mentirá en eso y en decenas de cosas más, aunque hasta ese día, la creerás con devoción. Las madres no mienten. De tu madre extrapolarás un modelo de femineidad. Y este modelo se irá haciendo pedazos con cada experiencia personal con el otro sexo. Tu madre, como posiblemente tu padre, ha puesto ante tus ojos el más maravilloso teatro de sombras chinas.
Cesto en mano paseo por los pasillos casi deshabitados. Alcanzo a ver el perfil de la golfa de antes. Me acerco y digo: “Hola Helena, ¿qué tal?”